lunes, 28 de enero de 2013


De sueños a pesadillas

Si algo tienen los sueños es que nos llevan a ser dioses por unos minutos, tal vez horas, de gloria. En esos momentos nada es imposible, sino que, fuera de ello, todo es probable, y a menudo todo es mundanamente real y todo nos sale bien: de ahí que seamos verdaderos dioses de forma humana. Todo nos sale bien y nos movemos entre los peones que la vida dispone en nuestra rutina sin apenas preocuparnos, siquiera, por lo que ellos piensan, al fin y al cabo es nuestro sueño, ellos estarán de acuerdo.
Pero la vida tiene aquello... un deje macabro, algo siniestro, para descubrir nuestros sueños y destruirlos con una sonrisa cruel al tiempo que nos marca con su dedo índice esa sentencia divina, infernal, que nos recluye al rango de humanos. “No, no, no...” agita nuestra mente mientras su voz, aguda y juguetona, tortura nuestros oídos. Atisbos de recuerdos de aquellos sueños que tanta alegría nos dieron se tornan ahora imágenes terroríficas de pesadillas que nos recuerdan nuestro nuevo fracaso, nuestra humillante derrota.
“Jugaste a ser dios y acabaste siendo un peón” continua burlona la voz, recordándonos que tal vez no seamos los grandes estrategas que pensamos ser, sino meros estrategas; que mal sale todo cuando nos proponemos y deseamos que salga bien, cuando ponemos nuestro empeño, cuando mejoramos, cuando superamos nuestras propias expectativas, entre las burlonas carcajadas del destino y algún que otro acertijo que siempre nos plantearon los sueños, acaso aliados de la vida tiempo atrás, jugando a hacernos creer dioses en forma de humanos, siendo peones de aspecto de jugadores.
Podemos reír unos segundos ante nuestra derrota, pensando que tal vez sea una pequeña broma de la vida, una carantoña del destino antes de recompensarnos con un triunfo que nos sepa a eterno. Es en ese momento cuando nos damos cuenta, cuando caemos y nos rasgamos la ropa en nuestro lamento, en nuestra tortura, cuando poco a poco perdemos, de nuevo, la cordura, en unos laberintos oscuros que llamamos mente, mientras se desbordan nuestros sentimientos, y encadenamos y prometemos encadenar nuestras derrotar, y una lleva a la otra y a cada una lleva la anterior, para dar lugar a la siguiente... Nos planteamos entonces, ¿y si yo sueño con tenerte?


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